Haciendo un viaje en el tiempo por las cumbres de los montes Aquilianos se encuentra Peñalba de Santiago, sin duda alguna uno de los pueblos más bonitos de España. Se sitúa dentro de la Comarca del Bierzo (León) y para acceder al pueblo hay que sufrir los avatares de una angosta carretera por la que no cabe más de un coche, no es que sea muy peligrosa pero el conductor no puede evitar desviar la mirada continuamente del asfalto para contemplar el magnífico paisaje que ofrece el valle del río Oza. Hemos pasado la mañana embelesados con el castillo de Ponferrada y como por la tarde todo está cerrado decidimos acercarnos a este rincón de España que nos han aconsejado encarecidamente en la Oficina de Turismo. Al poner el gps no me lo acabo de creer: distancia 24 km y tiempo 43 minutos, hago un cálculo aproximado de 30 km/h pero no me echo para atrás, al contario, me animo todavía más pensando que debe ser un lugar increíble si se encuentra tan inexpugnable.
Salimos por una carretera al sur de Ponferrada y al llegar a San Esteban de Valdueza nos desviamos a la izquierda, aquí comienza el valle y el camino se estrecha hasta convertirse casi en un carril único que asciende entre curvas y laderas atravesando los pueblos de Valdefrancos y San Clemente, donde ya podemos apreciar la arquitectura de la zona: pizarra, piedra caliza y madera. Un poco más adelante el valle se abre abruptamente dejando a la vista las cumbres de los montes Aquilianos que habían estado escondidas hasta ahora, a partir de aquí me cuesta concentrarme en la carretera y no dejo de admirar el paisaje, menos mal que hay poco tránsito. Continuamos ascendiendo hasta que a los 10 km por fin llegamos a nuestro destino y dejamos el coche en un parking que hay a la entrada ya que en el pueblo está prohibido circular, un buena medida para preservar su patrimonio. El aparcamiento tiene un pequeño mirador y contemplamos ensimismados el Valle del Silencio, al final hemos tardado media hora pero cada segundo del viaje ha merecido la pena, tanto por el camino recorrido como por la recompensa final.
Salimos por una carretera al sur de Ponferrada y al llegar a San Esteban de Valdueza nos desviamos a la izquierda, aquí comienza el valle y el camino se estrecha hasta convertirse casi en un carril único que asciende entre curvas y laderas atravesando los pueblos de Valdefrancos y San Clemente, donde ya podemos apreciar la arquitectura de la zona: pizarra, piedra caliza y madera. Un poco más adelante el valle se abre abruptamente dejando a la vista las cumbres de los montes Aquilianos que habían estado escondidas hasta ahora, a partir de aquí me cuesta concentrarme en la carretera y no dejo de admirar el paisaje, menos mal que hay poco tránsito. Continuamos ascendiendo hasta que a los 10 km por fin llegamos a nuestro destino y dejamos el coche en un parking que hay a la entrada ya que en el pueblo está prohibido circular, un buena medida para preservar su patrimonio. El aparcamiento tiene un pequeño mirador y contemplamos ensimismados el Valle del Silencio, al final hemos tardado media hora pero cada segundo del viaje ha merecido la pena, tanto por el camino recorrido como por la recompensa final.
Está dominado por la Peña Alba, un enorme farallón de roca caliza de donde obtiene su nombre, y aunque originalmente era conocido como Santiago de Peñalba, en honor del santo al que se adoraba en el monasterio que dio origen al pueblo, finalmente se cambió por su denominación actual. La señal de aluminio de la entrada es el último resquicio del silo XX y al atravesarla sus calles empedradas nos dan la bienvenida a la época medieval, todas las casas están hechas de pizarra y las chimeneas envían mensajes al cielo, gélido e inclemente, para que caliente sus hogares. Las calles están desiertas y las recorremos en silencio admirando los trabajos de mampostería y las líneas cuadriculadas de las casas, es una maravilla ver como el pueblo ha sabido mantener su fisionomía original donde todas las construcciones son de piedra caliza, pizarra y madera de roble, fue declarado Conjunto Histórico Nacional el 26 de Junio del 2008, sin lugar a dudas un merecido premio. Actualmente sólo viven 30 habitantes y entre las nuevas construcciones, mucho más rectilíneas, todavía se conservan varias viviendas con su trazado original donde podemos ver como la argamasa de adobe sobresale entre las piedras.
Aunque la arquitectura del pueblo por sí sola ya constituye un auténtico monumento aún esconde un patrimonio mucho más antiguo, la iglesia parroquial de Santiago de Peñalba que es una verdadera joya mozárabe del siglo X. Fue fundada por San Genadio dentro del monasterio pero durante los siglos siguientes éste fue abandonado y se utilizaron las piedras para construir las casas que dieron origen al pueblo, así que hoy en día sólo se mantiene en pie la iglesia. Está rodeada por un pequeño muro y en el jardín exterior se encuentran las tumbas de San Genadio y Urbano, su sucesor, el conjunto lo forman una espadaña del siglo XVIII y la nave principal con planta de cruz latina que tiene dos pequeñas capillas laterales. Lo más destacado es la puerta de entrada formada por un doble arco de herradura de estilo mozárabe sostenido por tres columnas de mármol, el interior es bastante sobrio aunque conserva pinturas originales en sus paredes y varias tallas de madera, fue declarada Monumento Nacional en el año 1931. Es un placer contemplarla desde todos los ángulos teniendo como inmejorable fondo las cumbres blanquecinas de las montañas, como contrapartida que lástima que no se puedan tomar fotografías del interior, lo prohibieron hace unos años para preservar las pinturas de las paredes que ya están bastante deterioradas. La iglesia sólo permanece abierta de miércoles a domingo.
Después de dar una vuelta por las calles del pueblo nos encaminamos hacia el Valle del Silencio, hay una ruta circular de 14,5 km que recorre todo el valle pasando por Montes de Valdueza y Herrería de Montes pero ya es un poco tarde y como no queremos que se nos haga de noche enseguida la descartamos, nuestro destino es la Cueva de San Genadio, está a sólo 2 km y es el principal punto de interés de la zona. San Genadio fue un monje que vivió en el siglo X, adoraba a San Fructuoso y a San Valerio así que un día decidió restaurar el monasterio de San Pedro de Montes, muy cerca de Peñalba, donde habían vivido estos santos. Gracias a su labor fue nombrado abad lo que le impulsó a rehabilitar y fundar otros centros monásticos por la zona ya que defendía la vida espiritual de los monjes lejos de los núcleos de población, uno de ellos fue el Monasterio de Peñalba que finalmente dio origen al pueblo. Fue nombrado obispo de Astorga pero tras 10 años abandonó el cargo y se retiró a una cueva de las montañas a meditar donde vivió como un ermitaño, cuenta la leyenda que la corriente del río le impedía concentrarse en sus plegarias así que pidió a Dios que acallara las aguas y éstas desaparecieron bajo la tierra invadiendo el valle de paz y silencio. Murió en el año 936 y fue enterrado en la iglesia de Peñalba pero actualmente sus restos se encuentran en Valladolid.
Comenzamos a caminar por la senda que sale desde el pilón del pueblo y al poco tiempo nos damos cuenta de que algo de cierto tiene que haber en la leyenda, parece que todo se ha calmado y sólo nos acompaña el ruido de nuestras pisadas contra el hielo. El camino desciende durante 200 metros hasta el río Oza y luego continua en una suave pendiente que nos lleva hacia las montañas, todo está cubierto de escarcha y más que caminar patinamos sobre la hierba así que nos divertimos bastante apostando quien será el primero en caerse de culo. A mitad de camino sale el sendero circular del valle hacia la derecha y un poco más adelante otro que sube hasta la Peña Alba a la izquierda (2 km), pero nosotros seguimos rectos hacia la cueva que ya se deja entrever entre las ramas vacías de los robles, se encuentra en medio de una pared vertical de roca y no hay duda de que es un buen lugar para alejarse del mundo. El camino termina al cruzar un arroyo y seguimos por un pequeño sendero que sale hacia la derecha serpenteando sobre la muralla caliza, después de 300 metros al borde del precipicio por fin alcanzamos la cueva de San Genadio, hemos tardado 40 minutos desde el pueblo, en buena parte debido a los continuos resbalones. A primera vista casi parece una casa, por fuera hay una gran brecha en la montaña pero la entrada apenas tiene dos metros y está cubierta por una puerta de madera y una verja de hierro, ambas abiertas para poder entrar. Nos metemos sin pensarlo en la oscuridad y descubrimos que el interior es bastante amplio y confortable, hay un pequeño altar con una talla de San Genadio y varias velas que iluminan tenuemente la estancia, pese a la soledad de la montaña el sitio no deja de ser acogedor. Según cuenta la tradición si escribes un deseo en un papel y lo escondes en la cueva éste se hará realidad así que rápidamente nos ponemos manos a la obra, ya os contaré si se cumple…
Una vez visitada la cueva ya no queda mucho por hacer, nos entretenemos un rato en el exterior hablando con un peregrino y admirando la panorámica del paisaje antes de regresar al pueblo, empieza a atardecer y las montañas se tiñen con los últimos colores del día. Otra media hora de resbalones y estamos de nuevo en Peñalba, después de la caminata y el frío no hay duda de que nos merecemos un café caliente así que entramos en una de las dos cantinas del pueblo, la que está frente a la iglesia. El dueño se llama Paco y es muy agradable, enseguida estamos charlando de lo dura que es la vida en el pueblo, que se sustenta casi exclusivamente del turismo, y como no del tiempo, que este año parece que viene sin nieve. El bar también ofrece comidas y entre la amplia y variada gastronomía de la zona destaca como producto típico el botillo, es una especie de embutido elaborado con piezas de cerdo procedentes de la matanza que se condimentan con ajo, sal y pimentón. Cuando la masa está preparada se introduce en las tripas del cerdo, después de haber sido sazonadas, y se ahúma con leña para posteriormente secarse durante varios días en un lugar fresco y ventilado. Sin duda alguna se trata de todo un manjar que dispone incluso de su propio consejo regulador de origen y una cofradía gastronómica encargada de difundirlo. Otros productos característicos de la comarca también son la androlla (embutido parecido al botillo) y las frutas: manzanas, peras, cerezas, sin olvidarnos del vino de El Bierzo que también tienen su propia denominación de origen.
Comienza a oscurecer y es hora de abandonar Peñalba sin dejar de echar la vista atrás, realmente el pueblo es una auténtica reliquia de un tiempo no muy lejano que parece que ya hemos olvidado. De vuelta a Ponferrada nos desviamos un momento hacia Montes de Valdueza para contemplar el monasterio de San Pedro de Montes, donde San Genadio comenzó a hilar la historia de esta región, pero al llegar allí no dejo de preguntarme que pensaría el santo al comprobar que actualmente se encuentra en ruinas, salvo por la torre y la fachada principal que han sido restauradas. Creo que hay varios proyectos para recuperar el resto del edificio y el entorno pero de momento se va muriendo poco a poco. Ya es casi de noche cuando llegamos al hotel de Ponferrada donde después de una ducha salimos a cenar, las calles están bajo cero y nosotros un poco cansados, ha sido un día muy largo…







Menos mal que me entero ahora que no ibas mirando la carretera, jejejeje. Un lugar precioso con un entorno increíble aunque la subida a la cueva con hielo fue un poco arriesgada y más con mi tendencia a hacer patinaje aunque espero que haya merecido la pena y se cumpla el deseo que escondí en la cueva, jejeje. Un besote.
ResponderSuprimirHola Carfot,
ResponderSuprimirLa comarca del Bierzo tiene muchos alicientes, Ponferrada y sus pueblos como el de Peñalba de Santiago. Y vaya bien que se come, el botillo, exquisito acompañado de buen vino de la zona.
Un abrazo.
La verdad es que todos los pueblos y la zona son una maravilla: Ponferrada, Villafranca, Las Médulas, la Sierra de los Ancares, y los más pequeños como Peñalba sorprenden porque parece que no ha pasado el tiempo, si a esto le unimos la magnífica gastronomía tenemos un buen cóctel para pasar unos días.
ResponderSuprimirUn abrazo !!!
Vamos a ver, que hay que mirar la carretera cuando se va de conductor!!!! jeje
ResponderSuprimirUn sitio precioso, me lo apunto para cuando volvamos por las Médulas :-)
Espero que se cumplan vuestros deseos ;-)
Con ese paisaje era imposible mirar hacia delante, me encanta conducir pero hay veces que prefiero ser el copiloto. Os pilla más o menos cerquita así que acercaros si podéis en primavera que seguro que está muy chulo.
ResponderSuprimirEn cuanto a los deseos .... habrá que esperar
Un abrazo para los dos !!!
¡A mí me pasa igual! Suelo ser la conductora en los viajes y escapadas y es una pena no poder disfrutar del paisaje...
ResponderSuprimirParece una zona llena de pueblecitos "con encanto". Me lo anoto todo porque además no lo conozco.
Un saludo
Toda la zona da para varios días y el conjunto de las Médulas también es de visita obligada, pero te aconsejo q vayas de copiloto, jejeje.
SuprimirUn abrazo !!!
No conocemos esta zona se España, pero pondremos remedio. Estos pueblecitos son una preciosidad.
ResponderSuprimirSaludos.
Sí que lo son, toda la comarca de El Bierzo es una maravilla y está plagada de pueblos con encanto y parques naturales. Os animo a conocer la zona, no os arrepentiréis.
ResponderSuprimirUn saludo !!!
Puf.. qué bonito!! Otro de esos rincones escondidos que tenemos "a tiro de piedra". Me lo apunto, muchas gracias por descubrirmelo!
ResponderSuprimirMe encanta viajar y descubrir sitios nuevos y culturas diferentes pero es verdad que muchas veces tenemos tesoros muy cerca de casa y ni siquiera lo sabemos.
ResponderSuprimirUn saludo !!!