Día 3 Miércoles 6 de Abril de 2011 Downtown - Staten Island
Los billetes a Nueva York los sacamos a última hora y como no nos dio tiempo a preparar casi nada decidimos ver la ciudad tranquilamente y sin agobios, así la disfrutaríamos más y dejaríamos cosas pendientes para volver en otra ocasión. El único problema era como organizar las rutas para no estar una semana dando vueltas sin ton ni son pero al final la solución fue bastante sencilla: cogimos un plano de la ciudad, lo dividimos en varios trozos y decidimos dedicar un día a recorrer cada uno de ellos, una decisión salomónica aunque muy efectiva ya que cada zona de Nueva York es diferente del resto pero a su vez forma parte de ese total multicultural que la caracteriza. Ayer tuvimos la oportunidad de conocer los contrastes de Nueva York y hoy toca meterse de lleno en el gran escaparate de la ciudad: los rascacielos del Distrito Financiero.
De los cinco barrios de la ciudad podríamos decir que la isla de Manhattan es el verdadero corazón que la mueve, aquí se encuentran las grandes empresas, los mejores museos, los edificios más emblemáticos y la mayoría de centros gubernamentales, quien les iba a decir a los indios autóctonos, los Lenape, que en apenas 300 años desde que vieran a los primeros europeos la ciudad iba a sufrir este desarrollo tan descomunal. Manhattan también es el barrio más antiguo y el sur de la isla fue el primer lugar colonizado que posteriormente sirvió como punto de partida para empezar a extenderse por el resto del país, en aquella época las grandes empresas comerciales también cambiaron la antigua ruta de las Indias Orientales por los nuevos territorios recién descubiertos donde encontraron productos hasta ahora desconocidos que pronto tuvieron una gran demanda en el viejo continente. De este modo América se convirtió en la tierra prometida y Manhattan fue creciendo poco a poco a base de pequeñas colonias de inmigrantes, mientras Europa se estancaba librando una guerra detrás de otra, la ciudad crecía a lo ancho y sobretodo a lo alto, en 1904 se inauguró el metro y en la década de los 30 comenzaron a construirse los primeros rascacielos que aún podemos admirar hoy en día.
Aunque se trate de una de las ciudades más pobladas del mundo orientarse por Manhattan resulta muy sencillo, la isla está dividida en manzanas prácticamente cuadradas atravesadas por calles cuya numeración asciende de sur a norte y por grandes avenidas cuya numeración asciende de este a oeste, creo es más difícil explicarlo que entenderlo. Esta Gran Manzana se divide de norte a sur en tres grandes partes: Uptown (de la calle 59 en adelante), Midtown (entre las calles 14 y 59) y Downtown (de la calle 14 hacia abajo), aunque curiosamente la isla está ligeramente inclinada hacia el sur, de este modo la parte baja de la ciudad (Downtown) está más elevada que la parte alta (Uptown). Las tres zonas a su vez se dividen en pequeños barrios formados por varias manzanas y aunque se encuentren muy cerca unos de otros podemos apreciar grandes diferencias tanto económicas como arquitectónicas, no olvidemos que antiguamente eran pequeñas colonias independientes. Nuestro objetivo para hoy es conocer el Distrito Financiero, situado en el Downtown, así que dejemos la teoría por un momento y vayamos a recorrer las calles de Nueva York.
Este viaje nos lo queremos tomar con calma así que hasta las 8:30 no nos levantamos, desayunamos en la habitación como el día anterior, e imaginamos que el resto de la semana, y a las 9:30 bajamos a la calle dispuestos a dislocarnos el cuello con los rascacielos del Financial District. Hoy no llueve aunque el cielo está nublado y hace un poco de frío, veremos a ver que tal salen las fotos, y comenzamos a caminar por la calle 42 en dirección a Grand Station. La mejor forma de moverse por la ciudad es en metro y la más barata comprando una tarjeta llamada Metro Card, el precio varía dependiendo del tiempo de validez y sirve para montarse en cualquier transporte público del área metropolitana, se obtiene en unas máquinas expendedoras que hay en la mayoría de estaciones de metro aunque también se puede comprar en muchas tiendas de regalos. Nosotros llegamos a Grand Station y enseguida localizamos una de estas máquina, es muy fácil de usar así que tras apretar unos botones y tragarse 58 $ ya tenemos nuestros billetes para toda la semana. Pasamos los torniquetes de rigor y la primera impresión que me llevo del metro es que es muy intuitivo, las líneas van paralelas prácticamente a las calles y sólo hay que saber si bajas o subes, es bastante sencillo de entender aunque hay que tener en cuenta dos peculiaridades: la primera es que una vez en el andén hay que fijarse en la letra del tren porque hay líneas que se dividen más adelante y la segunda es que hay trenes exprés que sólo se detienen en las estaciones marcadas en el plano con un punto blanco. Sin conocer todavía estos detalles bajamos al andén y esperamos a que llegue el metro, no se diferencia mucho de los que ya conocemos y observamos entretenidos a la gente hasta que por fin aparece el tren.
| BILLETE | PRECIO | VALIDEZ |
| Normal | 2,50 $ | 1 viaje |
| Metro Card | ||
| 29 $ | 7 días | |
| 104 $ | 30 días |
Tras 40 minutos de trayecto y un transbordo por fin llegamos a la estación de Chambers donde comienza el Distrito Financiero, nuestros pies pisan la calle pero nuestras cabezas se alzan al infinito admirando los millones de cristales que reflejan tímidamente algún que otro rayo de sol despistado. Soy bastante cinéfilo y después de grabar en mi mente durante años imágenes de los rascacielos de Manhattan al fin puedo compararlas con la realidad, es un momento mágico y permanecemos un rato embobados mirando a nuestro alrededor, de lejos parecen grandes edificios pero de cerca son verdaderas moles de metal y cemento. Downtown es la zona más antigua de la ciudad y cuando empezamos a callejear comprobamos que los edificios clásicos comparten acera con los modernos rascacielos, es una convivencia obligada pero en muchos casos forman interesantes conjuntos.
Nuestro primer destino es la Zona 0, donde se alzaban las Torres Gemelas hasta el 11 de Septiembre de 2001, no dejo de mirar hacia arriba buscando un gran espacio abierto y al doblar una esquina de repente todo parece detenerse y aparece la explanada destruida por los atentados. Nos acercamos lentamente hasta las vallas que protegen las obras, han pasado 10 años y todavía se ven recuerdos y ofrendas en cada calle, son gestos voluntarios de los ciudadanos que por mucho tiempo que pase jamás lograrán borrar esa tragedia de sus mentes. Todo el recinto está vallado y después de preguntar a varios peatones desde donde podemos ver las obras nos indican que vayamos al Edificio Winter Garden, es un pequeño centro comercial situado a la derecha y desde su cristalera comprobamos la magnitud del desastre, la zona es bastante amplia y ni siquiera puedo imaginar la agonía que tuvieron que sufrir las más de 3000 víctimas, es simplemente sobrecogedor. Pensaba que todo estaría muy avanzado pero aunque hay un montón de máquinas trabajando el rascacielos que sustituirá al World Trade Center todavía va por la mitad y las obras en general parecen recién comenzadas, el proyecto consiste en hacer un museo subterráneo dedicado a las víctimas con un intercambiador de transportes y en la superficie dejar una plaza abierta con un parque y distintos monumentos conmemorativos, el problema es que todo se ha demorado mucho y aún le quedan varios años hasta que pueda ver la luz. Con esta última mirada salimos del edificio intentando sosegar nuestras mentes, mientras continuamos pensando en todo lo que sucedió terminamos de rodear la Zona 0 hasta llegar a uno de los monumentos más emblemáticos, se trata de un mural metálico grabado sobre la pared que refleja a un grupo de bomberos intentando sofocar las llamas mientras las torres no dejan de arder, al lado hay una pequeña placa conmemorativa en memoria de los bomberos que dieron su vida por rescatar a los heridos y varios ramos de flores, es tan estremecedor que decidimos no volver por allí.
Nuestra siguiente parada es la pequeña iglesia de St Paul’s Chapel, se encuentra a pocos metros de la Zona 0 pero logró sobrevivir a los atentados y los meses siguientes se convirtió en un improvisado hospital de campaña para todos los heridos y en el centro de información durante el rescate. Es un edificio de estilo georgiano construido en el año 1766 lo que la convierte en la iglesia más antigua de Manhattan, aunque pertenece a la Trinity Church, está rodeada por un pequeño cementerio y la valla que la protege se transformó en un auténtico santuario para todos los neoyorquinos que llenaron de velas, flores y mensajes en memoria de las víctimas. El interior es como un remanso de paz entre el ajetreo de la gran ciudad, se siguen oficiando misas aunque la mitad del espacio alberga un pequeño museo improvisado con recuerdos y testimonios de la tragedia, damos una vuelta leyendo las dedicatorias mientras deseamos que esto no se vuelva a repetir. Está situada en el 209 de Broadway, entre las calles Fulton y Vesey, la entrada es libre y abre sus puertas durante todo el día. Justo al lado se encuentra el Museo del 11-S en un pequeño local con imágenes, maquetas y vídeos que recuerdan como fueron los atentados, es la última parada que hacemos por la zona y resulta un poco escalofriante pero estamos de acuerdo en que jamás hay que olvidarse de lo que pasó.
Queda mucho día por delante así que volvemos a ponernos en marcha y nos acercamos al City Hall Park donde se encuentra la sede del Ayuntamiento, una de las cosas que más me gustan de la ciudad es que entre la maraña de edificios y rascacielos de pronto de abren enormes plazas con parques donde la gente pasea y hace su vida cotidiana, es la combinación perfecta entre el estrés y la tranquilidad. El ayuntamiento se encuentra en una de estas plazas y aunque el edificio está bastante protegido y no se puede visitar merece la pena acercarse a verlo, fue construido a principios del siglo XIX y consta de un pabellón principal de dos plantas de estilo renacentista donde tuvieron lugar importantes acontecimientos que marcaron la historia del país. Tras las fotos de rigor nos dirigimos a la Trinity Church, esta iglesia episcopal de estilo gótico fue construida en 1846 y durante muchos años coronó el cielo de la ciudad con su torre de 86 metros de altura, tiene 23 campanas pero fueron tapadas por una cubierta de madera y hoy en día apenas emiten ruido. La iglesia está semioculta por los edificios adyacentes y resulta un poco pintoresco encontrártela de repente entre enormes rascacielos, aunque la fachada es espectacular lo más destacado es el cementerio centenario que la rodea donde están enterradas varias personalidades de la ciudad. Está situada en la Avenida Broadway al pie de la calle Wall y la entrada es libre durante todo el día.
La iglesia marca el comienzo del corazón financiero de la ciudad, Wall Street, esta calle recibe su nombre por un muro defensivo que construyeron los primeros colonos holandeses y hoy en día alberga los edificios más importantes de la economía del país. En cuanto comenzamos a bajar por la acera ya se puede oler el dinero, el edificio de la Bolsa de Nueva York ocupa el centro de la calle pero no lo reconocemos hasta que vemos su imponente fachada neoclásica, esa imagen tan conocida en televisión con sus columnas corintias coronadas por un frontón de mármol entre banderas nacionales. Se inauguró en el año 1903 y es el mercado de divisas más importante del mundo llegando a cotizar diariamente casi 200 millones de dólares, evidentemente no se puede visitar y toda la manzana está custodiada por la policía. Junto al edificio de la bolsa se encuentra el Federal Hall, fue la sede del primer capitolio del país y uno de sus primeros actos oficiales consistió en la elección de George Washington como primer presidente de los Estados Unidos, posteriormente se convirtió en el ayuntamiento de la ciudad y hoy en día alberga un museo donde podemos revivir los acontecimientos más importantes que allí se produjeron. Se construyó en el año 1699 y aunque es de estilo federal conserva un aire neoclásico bastante parecido al de la bolsa, la fachada principal tiene 8 columnas que soportan un frontón de mármol y al pie de la escalinata podemos contemplar una estatua del famoso presidente donde, como no, aguardamos nuestro turno para hacernos las pertinentes fotos. El horario es de martes a viernes de 9:00 a 17:00 y la entrada es gratuita. Ya sólo nos falta por conocer la Reserva Federal así que siguiendo el olor de los dólares, y mirando un poco el mapa, llegamos al número 33 de Liberty Street. El edificio por fuera es bastante sobrio pero en su interior se guardan más de 5000 toneladas de oro en una bóveda excavada sobre los propios cimientos de la isla, está claro que es totalmente inexpugnable, se organizan visitas guiadas gratuitas de lunes a viernes pero hay que solicitarlas con mucha antelación y al final no pudimos entrar, es una pena porque iba preparado para llevarme algún lingote, jejeje.
Llevamos caminando toda la mañana y ya va siendo hora de comer así que buscamos algún lugar que tenga buena pinta y no sea demasiado caro, la comida americana consiste en un tentempié rápido en un parque o mientras se camina pero nosotros realmente necesitamos sentarnos un rato y después de callejear comparando varios sitios decidimos entrar en Georgio’s Pizzeria, un local de comida rápida con varias mesas situado en el número 20 de Beaver Street. Pedimos unas raciones de pizza con una ensalada y después de terminar nos quedamos un rato planificando la ruta que vamos a seguir el resto de la tarde, la comida está muy buena y el precio fenomenal, 15 $. Con las fuerzas recuperadas nos encaminamos hacia nuestro siguiente destino: Bowling Green, es el parque más antiguo de la ciudad y está rodeado por una valla original del siglo XVIII donde muchos trabajadores se sientan a comer o a descansar un rato. No es muy grande así que lo rodeamos tranquilamente hasta que detrás de un grupo de turistas podemos entrever la figura más característica del parque, una enorme estatua de bronce de más de 3000 kg que representa a un toro en actitud de embestir. Es un auténtico icono de la ciudad y simboliza la prosperidad financiera de Wall Street y la agresividad económica de la zona, todo el mundo se quiere contagiar de esta actitud así que se ha impuesto la costumbre de “tocarle los testículos” literalmente a la estatua como símbolo de buena suerte, en fin… Aunque el toro copa todas las miradas lo que más me llama la atención es el número 1 de la Avenida Broadway, aquí comienza una de las calles más conocidas de la ciudad y del mundo entero por sus famosos musicales. La última parada la hacemos en la Fraunces Tavern, es uno de los edificios más antiguos de la ciudad y pese a las continuas restauraciones sigue conservando su ambiente clásico del siglo XVIII. Se encuentra en el número 54 de Pearl Street y se puede entrar a tomar algo tranquilamente pero más que un simple bar o restaurante representa la historia viva del país ya que en su interior los Hijos de la Libertad, liderados por George Washington, fraguaron el comienzo de la revolución americana.
Una vez cumplido nuestro objetivo en el distrito financiero decidimos coger el ferri gratuito que lleva a Staten Island, es el barrio más alejado de Nueva York y hoy en día sirve como ciudad dormitorio para los trabajadores de Manhattan aunque la mayoría de la isla se conserva tal y como la conocieron sus primeros habitantes, los indios Lenape. El ferri sale durante todo el día desde Whitehall Street, al sur de Manhattan, y en apenas 25 minutos atraviesa la bahía hasta la estación de St George, al norte de Staten Island. Diariamente lo cogen más de 60.000 personas y es uno de los reclamos turísticos de la ciudad porque es un servicio gratuito y porque pasa muy cerca de Liberty Island donde se encuentra el símbolo por excelencia de Nueva York: la Estatua de la Libertad. Son casi las 17:00 y creo que hemos pillado hora punta porque la entrada está abarrotada de gente, nos hacemos un hueco entre la multitud y esperamos pacientemente viendo como se va aproximando el ferri, en apenas 5 minutos todo el mundo ha desembarcado y logramos subir a bordo entre algún que otro empujón. La idea es ir en cubierta para hacer fotos y disfrutar de las vistas así que nos abrochamos los abrigos y cogemos sitio en la parte trasera derecha, de este modo iremos viendo como nos alejamos de Manhattan y se va acercando la estatua, no hay muchos turistas porque la mayoría de la gente se ha sentado en el interior, seguramente con ganas de llegar a sus casas. Comenzamos a navegar admirando como los grandes rascacielos que hasta hace un momento parecían colosales se van convirtiendo en pequeñas miniaturas apiñadas unas contra otras, desde este punto de vista Manhattan parece un puzle de edificios. A nuestra izquierda empieza a aparecer la Estatua de la Libertad y nuestros ojos cambian rápidamente de objetivo, siempre me la había imaginado mucho más grande pero aún así resulta formidable y desde su posición dominante sobre el pedestal parece darnos la bienvenida, todo un símbolo más allá de cualquier frontera. Con la tarjeta de memoria echando humo llegamos a Staten Island, el barrio no nos llama mucho la atención así que decidimos volver en el mismo ferri, la cámara de fotos tendrá que esperar su merecido descanso.
Todavía es de día cuando regresamos a Manhattan, el momento perfecto para dar una vuelta por Battery Park, está situado en la parte más al sur de la isla, junto a la entrada del ferri, y desde allí se tienen muy buenas vistas de toda la bahía de Nueva York y las costas de su vecina New Jersey. Fue el último reducto defensivo de la ciudad y recibe el nombre por las baterías de artilleros holandeses e ingleses que se apostaban en sus orillas, de aquellos tiempos todavía se conserva el Castillo Clinton, una pequeña fortaleza de piedra arenisca construida en el año 1811 que se utilizó como centro de recepción de inmigrantes durante la segunda mitad del siglo XIX. Cuando llegamos al castillo ya está cerrado, la entrada es libre y el horario de 8:30 a 17:00, en el interior se representan pequeñas exposiciones y espectáculos además de encontrarse la oficina de ventas de los ferris que van a Liberty Island y a Ellis Island, el precio del billete de ida y vuelta es de 13 $ así que tendremos que madrugar otro día para visitar la famosa estatua. El parque también es el lugar elegido por muchos neoyorquinos para practicar deporte y la zona del muelle ha sido rehabilitada con un bonito jardín y varios restaurantes, durante un rato paseamos entre ellos parándonos en los diferentes monumentos que lo salpican. Destaca un enorme águila sobre un pedestal de mármol en memoria de los soldados muertos durante la Segunda Guerra Mundial en el Océano Atlántico, pero sin duda el que más nos llama la atención es una bola del mundo que fue rescatada de la Zona 0, hoy apenas es un amasijo de hierro que espera pacientemente el regreo a su lugar de origen.
El objetivo del día era conocer el Distrito Financiero y al final lo hemos recorrido por los cuatro costados, aquí os dejo un mapa con los sitios que hemos visto:
Comienza a anochecer y empieza a hacer frío así que cogemos el metro rumbo a la 5ª Avenida, sin duda el icono comercial más representativo de la ciudad, no tenemos un destino concreto, simplemente nos apetece callejear y mezclarnos un poco con la gente. Nos bajamos en Central Park y comenzamos a caminar hacia el centro pero resulta inevitable detenernos en casi todos los escaparates, igual que en Wall Street se respira dinero en la 5ª Avenida podríamos decir que se respira glamur. La mayoría de las tiendas nos llaman la atención y entramos en varias para confirmar nuestras sospechas: aquí todo se maginfica, no son los típicos locales comerciales sino verdaderos edificios comerciales: Apple, Tiffany’s, FAO Swartz, … todos ellos enormes centros de venta donde la gente realmente disfruta comprando, un concepto de negocio totalmente nuevo para nosotros acostumbrados desde siempre a realizar simples transacciones comerciales. Todavía impresionados por las tiendas terminamos tropezando una noche más con Times Square y nos sentamos un rato hipnotizados por los letreros luminosos que hacen que en la plaza siempre sea de día.
Llegamos al hotel a las 22:30 después de cenar un perrito por el camino, el día ha sido muy largo pero ya estamos deseando que pase la noche para seguir disfrutando de los encantos de Nueva York.








Buenísimo y completo POST! ... he estado cuatro ... sí, cuatro veces en NYC, nunca más de 4 días la verdad ... pero algo que nunca falló fue tomar el "lowcost" ... (free vaya) ... barco a Staten Island para tener las mejores vistas de la isla de Manhattan!
ResponderSuprimirUn saludo y gracias por compartir.
Alfonso - www.thewotme.com -
Casi recien llegaditos de NY me encanta leer el resto de experiencias.
ResponderSuprimirQue gozada de ciudad y eso que fui con muchos prejuicios, como siempre que voy a USA los dejo atrás y vuelvo maravillada.
Un saludo,
Un día completito y la verdad, fue muy interesante conocer toda esa parte de la ciudad. Por cierto, ya que dejamos cosas pendientes quizás debamos volver pronto, ¿no? Un besote. ;-)
ResponderSuprimirCreo que Nueva Yorl es sin exagerar el destino del que más información tengo. Y sin embargo tu post me parece el más útil hasta ahora! El día que vaya para allá, gracias a tantos viajeros, voy a parecer Newyorkina!!
ResponderSuprimirGracias por todo este trabajo...
¡Qué gran guía de la zona de Downtown te has marcado! Alguna cosa me dejé pendiente en mi visita (como el acercarnos a Staten Island). La iglesia de St. Paul a mí me resultó estremecedora.
ResponderSuprimirNosotras si que pudimos visitar la reserva federal, pero he de decirte que lo de robar un lingote de allí no es tarea sencilla, jejeje. Además se ve que pesan bastante. Tenían unas botas especiales con puntera de acero para que si se les cae a la gente que los ha de manipular no les destroce el pie...
Un saludito ;)
Gracias Alfonso, pues sí que te gusta NY, la verdad es que lo entiendo porque es una ciudad que a mi también me ha cautivado, podríamos decir que lo tiene todo y es imposible aburrirte por mucho tiempo que pases allí. El ferri está genial, sobretodo a la vuelta que vas viendo acercarse los rascacielos.
ResponderSuprimirUn saludo !!!
A mı me pasaba igual Cool, por eso he tardado tanto he viajar a USA, iba con una idea y al final regresé encantado. Vi tus post en Navidad y la ciudad gana todavía más puntos con las luces y escaparates navideños, sin duda es una de las mejores épocas para ir.
ResponderSuprimirUn saludo !!!
Bueno Babyboom, ya sabes que no hay que animarme mucho para salir de casa, aunque sólo para comprar el pan, espero que podamos volver pronto y ver todas esas cosas que nos dejamos en el tintero.
ResponderSuprimirUn besote !!!
Muchas gracias Purkinje, anímate a visitarla porque por mucha información que uno tenga de allí la ciudad todavía te sorprende más, yo vine impresionado y es que detrás de cada esquina encuentras algo nuevo, es increíble la variedad que ofrece. Si necesitas cualquier cosa cuando vayas a ir estaré encantado de ayudarte.
ResponderSuprimirUn saludo !!!
Gracias Helena, el ferri está muy bien porque como ha dicho Alfonso ofrece las mejores vistas de Manhattan y vas viendo como se acerca poco a poco. A mi toda la Zona 0 me impactó bastante y las muestras de la gente te tocan la fibra sensible, lo de St Paul es espectacular, estuve un rato leyendo los mensajes y estoy contigo, es estremecedor. Por otro lado me quedé con muchas ganas de visitar la reserva pero tenían toda la semana completa, mi lingote tendrá que esperar, jejeje.
ResponderSuprimirUn abrazo !!!
Hace poco estuve viendo un reportaje sobre Nueva York y hablaban de varias de las cosas que hablas: la iglesia cerca de las Torres Gemelas, el ferry gratuito......Si al final me van a entrar ganas de ir a la Gran Manzana :-)
ResponderSuprimirAsí me gusta, que te pique el gusanillo y quieras ir, jejeje. Para mi no era uno de mis destinos prioritarios y al fial regresé encantado, NY engancha. :-)
ResponderSuprimirEstupenda guia y relato de la parte baja de Nueva York. No has dejado títere con cabeza y encima me has hecho recordar nuestra visita. Entonces nos pilló dias nublados y la Statua de la Libertad la tuvimos que ver..... en postales, jajaja.
ResponderSuprimirEnhorabuena por el reportaje, ciudadano peregrino.
Sin duda cuando vaya a NY (no sé cuándo pero algún día iré) me volveré a leer tus post porque son súper completos. La mejor guía es la que hace el propio viajero, y desde luego que esta está genial :)
ResponderSuprimirYo no sé cómo reaccionaría en la Zona 0, seguro que me daba mucha tristeza estar ahí y pensar en todo lo que pasó.
Bueno, al margen de eso, ¡cómo os cundió el día! Con todo lo que visteis da la sensación de que han sido varios días jeje. Un abrazo!
Gracias ciudadano, a nosotros también nos pilló un poco nublado pero la estatua estaba colosal aunque como he dicho me la imaginaba más grande. Me alegro de que te haya recordado a tu viaje, realmente es una visita indispensable para conocer NY.
ResponderSuprimirUn abrazo !!!
Muchas gracias Aran BL, yo cuando voy de viaje también me empapo de relatos de otros viajeros porque es la mejor forma de preparar las rutas y conocer los lugares. La Zona 0 me impactó bastante porque por muchas imágenes que veas uno no se puede hacer idea de lo inmenso que es aquello, encima las obras iban muy atrasadas y daba la sensación de que la tragedia había sido hacía sólo unos meses, es sobrecogedor. Decidimos verlo a primera hora para pasar pronto el mal trago y luego disfrutar de los encantos de Downtown, todo está muy cerca y aunque parezca mucho trote realmente la zona se puede recorrer tranquilamente en un día.
ResponderSuprimirGracias por tu comentario.
Un abrazo !!!